No soy tan mala (madre).

Acabo de leer un artículo “Las cosas que, como padres, nos da miedo contar”. Fue publicado en El Huffintong Post, el 28 de enero de 2014 y lo escribe Wendy Bradford, autora del blog “Mama one to three” y me ha venido a la cabeza la necesidad de hablar de lo siguiente. En el artículo habla de  cosas incómodas y feas que hacemos los padres, por las que nos sentimos muy culpables y juzgados y de las que está mal hablar incluso con otros padres. Yo no voy a hablar de eso, pero sí de ESE MOMENTO DE DESCONTROL que en mayor o menor medida los padres vivimos.

Ser padre o madre es más duro de lo que a simple vista parece (aunque se diga poco o a la gente no le guste reconocerlo). No voy a hablar de la parte buena, porque todos lo que tenemos hijos la conocemos. Pero la otra cara de la moneda está ahí y se da de forma paralela mientras vives el mayor de los amores.

Esa cara es la renuncia de tu persona a favor de otra. Aunque con el tiempo y por necesidad mental todos buscamos una vía de escape momentánea, ya sea ir al cine, salir con las amigas (si te quedan) o sentarte en un banco diez minutos antes de llegar a casa.Lo cierto es que tus gustos, tus preferencias, tus apetencias: TODO, no tienen espacio. Tienes que ocuparte de una persona que te necesita ,que si somos consecuentes con la decisión de tenerlos es lo que queremos y debemos hacer .

Pero entonces ¿por qué juzgamos tan vehemente  a una madre cuando está gritando a su hijo o dándole un  pellizco?  Yo estoy en contra de cualquier agresión verbal o física a un niño y depende de lo que vea me siento con libertad de entrometerme,  pero ¿qué ocurre con esa madre?, ¿qué le pasa ? Ella es la primera que daría la vida por ese niño.

Pues la realidad es que  salvo excepciones de malas madres,que las hay y las he conocido en alguna etapa de mi vida profesional,  la mayoría:

  • Están muy cansadas.
  • No tienen el suficiente apoyo para hacer frente a todas las
    cosas que debe hacer y
  • Se exigen y les exigimos mucho.

Por si cabe alguna duda, nadie se suele plantear la maternidad/paternidad de esa manera. Me refiero a que la mayoría de las personas, antes de tener hijos dice cosas del estilo “Eso yo no lo voy a hacer”, “Yo no voy a ser así”, “Jamás haría eso” pero la realidad es otra, porque todas esas personas que han hecho “esas cosas” tampoco querían hacerlo, pero simplemente salen. 

Quizás podríamos ser un poco más considerados con esa persona y en lugar de juzgarla (como si los demás no perdiéramos nunca el control) podríamos tenderle una mano. Podríamos ofrecernos a meterle las bolsas de la compra en el coche, a coger al niño que berrea en brazos mientras ella paga la cuenta con el  el triciclo y la mochila a cuestas, invitarla a un café mientras entretenemos al niño o simplemente sonreírle y hacerle ver que es muy valiente por la decisión que ha tomado y le honra. Cualquier cosa. Somos humanos y en gestos cálidos nadie nos puede superar si practicamos la empatía y nos ponemos en el lugar del otro. Es muy probable que cualquiera de estos gestos rebaje su nivel de ansiedad y por lo tanto su respuesta a la conducta de sus hijos sea más racional y menos dañina para ellos.

No debemos olvidar que al margen de nuestra conducta justiciera, ella se juzgará y se reprochará con más dureza aún  cuando llegue a casa y seguirá sin romper el bucle. Seguirá como el pez que se muerde la cola.

Por eso como madres o padres, debemos agradecer la ayuda externa, no machacarnos cuando actuamos mal, pedir perdón a nuestros hijos si nos excedemos y buscar soluciones: reducir las obligaciones que nos ponemos y si no se puede (aunque suele ser un obstáculo mental más que real) rebajar el grado de perfección que queremos tener en todo, podemos entrenar el autocontrol para no pagar nuestro estrés con nuestros hijos (debemos gestionarlo nosotros mismos) e incluso aprender herramientas para afrontar pataletas, rabietas, etc… si no sabemos.

Pero hay que estar ahí, verse ahí y si no has sido madre o padre nunca, muestra tus respetos hacia esa persona, porque le honra haber escogido uno de los caminos más difíciles de trabajar para la sociedad.

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