Lo mejor del verano: conectar con mi hija.

¡Hola!

Acabo de llegar de pasar unas semanas de vacaciones  con mi hija en mi isla. Nos hemos ido solas   porque mi pareja en verano trabaja y aunque al principio nos daba mucha pena, nos hemos traído un regalo inmenso.     Nuestra conexión  ha subido como la espuma.  Y me ha encantado.

Recuerdo una mañana paseando por el centro de Las Palmas , ella y yo solas después de haber pasado diez días con mi hermana y su familia. Disfrutaba de su conversación.  De su manita que no me soltaba ni dentro del portal.  De nuestro momento de chicas comprando un vestido de lentejuelas  de esas que suben y bajan.  De sus abrazos en la consulta médica por la otitis. Su esfuerzo por ayudarme en el supermercado cargando con la bolsa de manzanas…

Esto os lo cuento porque luego vendrán de nuevo la rutina, las prisas, las cosas que hay que hacer y a lo mejor se me olvida recuperar esto y recordarlo como sin duda lo mejor del verano.

La conexión, aparte de llenar tu corazón a rebozar de amor, hace posible que todos nos sintamos mejor y esto repercute directamente en  nuestro comportamiento. Nosotros al sentirnos  más plenos y felices  somos más pacientes  para abordar las tensiones que vayan surgiendo. Y los niños al sentirse  reconocidos y  tenidos en cuenta se encuentran satisfechos y plenos como nosotros por lo que su “mal comportamiento” se ceñirá a cosas propias de su edad: espíritu explorador, ganas de moverse etc… pero no actúan por celos, necesidad de llamar la atención o  frustración personal.

Sé que no es lo mismo un hijo que tres. Pero no es necesario pasar un día entero con ellos a solas. Basta conque en cada acercamiento entre tú y cada uno de ellos, haya un gesto, una sonrisa, una caricia sin necesidad de ir corriendo a repartírsela  a los demás. Solo entre tú y ellos.

Por ejemplo, con mi sobrina mayor que además es mi ahijada, recuerdo que siempre que pasamos tiempo juntas se enfada mucho conmigo. Siente celos de mi hija, siente celos de su hermana y cuando le digo que algo no está bien me deja de hablar. Así que esta vez, he tomado nota y he hecho lo siguiente:

  • Cuando un día vino  a chivarse de su hermana, yo le pedí que  no  lo hiciera, que no hacía falta y que podía relajarse y disfrutar sin estar pendiente de los demás. Que si su hermana hacía algo que no estaba bien, ya nosotros intervendríamos.  Esto casi siempre ha hecho que ella se mostrara muy molesta conmigo , pero esta vez añadí  el tono más amoroso que pude, mientras le tocaba el pelo y la abrazaba. Y ya abrazada le hablé de lo bonito que tenía el  pelo, de cuanto le  había crecido y  le pregunté qué champú usaba. Y , sí. No se enfadó esta vez sino que se fue con una sonrisa.
  • Otro día, cuando le recordé que debía comer con la boca cerrada, y estaba a punto de enfadarse, le sonreí de oreja a oreja y le dije ¿ sabes cómo aprendí yo a comer con la boca cerrada? y le conté la anécdota en la que mi tío nos dijo a mi y a mis hermanos que comíamos como cerdos (todavía hoy me sonrojo al recordarlo). Y entonces hacer el ruido de los cerditos se convirtió en el recordatorio el resto de las vacaciones de cuando comía con la boca abierta. Y no se enfadó, al contrario de lo que había hecho siempre.

Así que el cariño, aunque a veces no sale a la primera en según que situaciones, nos acerca a las personas. Si tu pareja te dice algo que no te gusta con cariño, te hace sentir muy diferente que si te lo dice con dedo acusador ¿no? Pues aprendamos a conectar.

En cuestión de segundos se puede conectar con el otro, tengamos un hijo o cuatro,  así que vamos a aprovecharlo porque tiene efectos secundarios maravillosos.

Feliz verano.

 

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