La lógica privada.

Imagina que has visto este trozo de tarta en una cafetería, te apetece y te lo pides. Y cuando te lo sirven, tu pareja decide darle la mitad de tu tarta  a un amigo que está con vosotros. ¿Cómo te sentirías?

Pues hace unos días viví la misma situación en una cafetería. Un niño de unos cinco años, muy enfadado y llorando se negaba a que le quitaran la tarta de su plato para darle la mitad a su hermana. Yo de entrada pensé que habían comprado la tarta para los dos niños, que se las habían servido en un solo plato y se la   habían colocado directamente delante del niño, haciéndole creer que era suya. Pensé que se le había dicho que era para él y su hermana y también  que a la hora de la verdad no quería repartirla. En ese momento también pensé que  la tarta debía haberse servido  desde el principio  en platos diferentes y haberse cerciorado de que ambos niños entendían que de un trozo se sacarían dos; cuando de repente, el padre que se había llevado a un aparte al niño para que se calmara, me dice “es que él había pedido la tarta, y se la habíamos pedido para él, pero luego nos dio pena su hermana, y una vez servida, decidimos dividirla. Él pensaba en todo momento que la tarta era suya”.  Y entonces caí en la cuenta y  me dije ¡CLARO! :  Es la lógica privada. La lógica individual que justifica  nuestras acciones.  El hilo de pensamiento que cada uno sigue y por el cual actúa. Para el niño, lo que estaba ocurriendo era un acto totalmente injusto. Él se disponía a comerse su trozo de tarta cuando sus padres decidieron darle la mitad a su hermana.

Todos tenemos un motivo para hacer las cosas, y estemos de acuerdo o no con esos motivos, intentar comprenderlos puede facilitarnos mucho y en concreto con los niños,gestionar mejor los conflictos. El niño se mostró muy enfadado porque estaba lleno de furia. No entendía por qué le quitaban algo que entendía como suyo. Y si hubiésemos sabido esto o no lo obviamos si lo sospechamos, nuestra reacción seguramente se alejaría de insistir para convencerle de que le diera la mitad a su hermana.En su lugar   nos nacería decirle otras cosas tales como “ya sé que la tarta la hemos pedido para ti, pero¿ te importaría darle un trozo a tu hermana? “(y aceptar la decisión de tu hijo, al margen de que decidas por dentro hacerlo de otra manera la próxima vez) o “Lo siento , no te he tenido en cuenta a la hora decidir a última hora que era mejor compartirla con tu hermana. Tómatela tranquilo “(y decidimos que hacemos con su hermana),

 Pero ¿en cuántas ocasiones una situación similar a  esta,  hubiese terminado con el niño castigado sin comerse la tarta porque es un egoísta y necesita aprender a compartir?

Los padres somos personas y nos equivocamos y  no dejamos de hacer nuestra labor por pedir perdón, tener en cuenta a nuestro hijo o no salirnos con la nuestra. Hacer todo esto, por el contrario,  engrandece nuestra tarea porque mostramos el valor de corregir nuestras acciones y aprender de los errores. Una lección muy útil para la vida de nuestros hijos.

Aún así, puede que te estés preguntando que si  a pesar de saber que hemos sido los adultos quienes hemos generado la confusión, si el niño al final no tenía que haber cedido para” enseñarle a ser más generoso y aprender a compartir”.

De veras, y volviendo al ejemplo del principio con tu trozo de tarta, ¿te convertirías en una persona más generosa por ceder y permitir que tu chico te quite la mitad de tu tarta? Puede que al principio de la historia, desde nuestra lógica y bajo la creencia heredada de que la voluntad de los padres siempre debe estar por encima de la de los niños,pensaras que el niño era egoísta, malcriado y que a toda costa debíamos imponernos para que el niño no se saliera con la suya y aprendiera a compartir con su hermana.  Pero en este caso, al conocer a posteriori qué se le pasaba por la cabeza al niño ¿encuentras algún atisbo de egoísmo? Si lo interpretamos desde su punto de vista, este se mostró enfadado con una situación que le parecía injusta, con deseos e intenciones de conseguir dicha justicia, y con capacidad para exigir  lo que era suyo. ¿No te parecen cualidades estupendas para que tu hijo se enfrente a la vida?

Un abrazo y

¡Feliz semana!

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