La importancia de la autonomía

No hay nada que me maraville más que ver como mi hija hace cosas por sí misma: pone la ropa sucia en su cesta, tira el yogurt en la basura y la cuchara en el fregadero, se sube sola los pantalones, se pone los zapatos, come sola, bebe agua de un vaso. Y todo, con dos años recién cumplidos. Tan pequeña y tan resolutiva. Y sí, yo la he enseñado pero también alucino con la capacidad real e innata de aprendizaje que tiene. Y no es solo mi hija. ¿Sabías que tus hijos también pueden?

Pregúntate cuantas cosas podrían hacer tus hijos solos y se las haces tú porque es más rápido o porque se ensucia mucho menos… excusas que suelen tener que ver más con nuestra comodidad. ¿Y si pensamos en ellos? ¿Sabes el impacto real que tiene sobre nuestros hijos  aprender y conseguir tener habilidades nuevas y no depender de terceros para su desarrollo? Imagínatelo.

La autonomía está infravalorada. Se conoce poco, el alto impacto que tiene en la percepción sobre sí mismos de nuestros hijos y que va ligado irremediablemente a su autoestima. A mayor capacidades tenga, mejor concepto tengo de mí , y mayor confianza tengo para enfrentarme a cosas nuevas.

La sociedad suele quejarse de lo infantil que son los niños de ahora. Y como una vez leí, estoy de acuerdo con la afirmación “No hay niños de antes y niños de ahora. Sino padres de antes y padres de ahora”. Deseamos que nuestros hijos cuiden sus cosas, a pesar de que si pierden algo, se lo reemplazamos casi de forma inmediata. Deseamos que nuestros hijos sean responsables y hagan sus cosas sin necesidad de repetírselo todo cien veces, aunque sigamos sirviéndoles el desayuno, preparándoles la maleta e incluso llevándosela hasta la puerta del colegio, les elegimos la ropa que llevan y leen lo  que seleccionamos  nosotros en la biblioteca.

Hace poco coincidí por la mañana en la copistería con una señora, que le dijo al dependiente: “Mi hijo acaba de mandarme una foto por wasap (en horario de clase)  del rotulador fluorescente que necesita para estudiar. Lo necesita para esta tarde  y no le gusta de otra marca”. Su hijo estaba en  secundaria. Puedes pensar que no hay nada de malo en hacer un favor a tu hijo, pero de verdad ¿era necesario mandar a tu madre a comprarlo? . La señora, lo dijo allí mismo, había ido a comprar solo eso. Y ella aparentemente ni se lo había cuestionado.

Quizá esté exagerando y quizá ese chico tiene cien mil ocupaciones por la tarde que le impiden tener tiempo para ir a comprar lo que necesite, pero la actitud servicial de la madre no me pareció un gesto cariñoso. Me pareció una obligación más como madre y un derecho más de su hijo, y me dio miedo.

Todos los días, en nombre del amor, puede que hagamos un sinfín de pequeñas acciones cotidianas  que están boicoteando ese anheladas habilidades que deseamos que nuestros hijas adquieran.Y la ciencia infusa (el aprendizaje innato y no adquirido) no funciona para esto. Si quieres que tu hijo sea responsable, tienes que darle y permitir que tenga  responsabilidades. Si quieres que tu hijo se implique en sus cosas, tiene que dejar que  experimente las consecuencias de no hacerlo. Si quieres que tu hijo tenga confianza en sí mismo,  debes permitir que aprenda, que adquiera capacidades nuevas.

Es el único camino, en nombre del amor, que deberías indicarle cuanto antes.

Un abrazo, Doris.

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