Claves para un hogar más feliz.

Hay una idea poco escarbada por la mayoría de los padres  y   es que a los niños también les gusta estar bien en casa. Sin broncas y en armonía. Donde anhelan  sentirse seguros, libres, respetados, tenidos en cuenta, valorados…lo mismo que pedimos nosotros si la compartimos con otro adulto.

Pero también existe otra idea, esta sí más generalizada, de que nosotros tenemos que educar y por lo tanto tenemos que decirle a los niños cómo tienen que hacer las cosas. Y con esta excusa ¿vale todo?

No hay ninguna duda de que debemos guiarles y enseñarles. Potenciar su autonomía y dejarles que vayan adquiriendo responsabilidades. Permitir que asuman las consecuencias y si se equivocan que aprendan de ello. Pero en nombre de todo esto insistimos demasiado, controlamos en exceso, asumimos lo que no nos corresponde, sobreprotegemos, coartamos libertades, faltamos el respeto, abusamos de nuestra experiencia y también de nuestro tamaño y nos extralimitamos en nombre del amor. Siempre pensando que el fin justifica los medios. Que nosotros sabemos lo que hacemos. Y en el fondo la intención es buena pero si todos los caminos conducen a Roma, significa que pueden haber otros maneras de hacer las cosas para llegar al mismo resultado.

Porque ¿te gustaría vivir con alguien que te dice todo el tiempo qué debes hacer y cómo hacerlo? Y si no lo  haces ¿que te haga  sufrir las consecuencias?

Si nos sentimos sometidos, con escaso control sobre nuestras vidas  y con poco margen de actuación espontánea  nos sentiríamos infelices. Y si no estamos a gusto estamos malhumorados, irónicos, a la defensiva y lo más probable es que no aguantásemos.

Pero ¿qué pueden hacer los niños si no es otra cosa que aguantar?

Y ya lo dice la disciplina positiva: un niño que se siente bien, se porta bien.

Así que cuando estés en casa :

  • Reduce drásticamente las órdenes, sugerencias e indicaciones sobre cómo deben hacerse las cosas, sentarse, o recoger algo…Permite que lo hagan a su manera.
  • Delega. Todo lo que puedan hacer por ellos mismos, aunque vayan más lentos o ensucien más, permite que lo hagan.
  • Acepta que tus hijos son otras personas independientes a ti, y por lo tanto tendrán sus gustos propios, su estilo…Recuerda la de veces que discutiste con tu madre porque no le gustaba tu ropa y cómo te hacía sentir.
  • Actúa en lo estrictamente necesario.

Con estas cuatro normas vas a seguir educando pero a la misma vez estarás favoreciendo que los niños se sientan mejor. Se sientan reconocidos y respetados. Por lo que   elige tus batallas y ocúpate de las cosas más importantes. Deja vivir.  Permite que sean ellos mismos. A veces más lentos, más torpes, más sucios o dispersos. Pero es lo más justo para ellos y también lo más saludable. Debemos respetar su esencia, que se sientan valorados y que confíen en ellos mismos. Porque además  de los beneficios para su estima, mejorará su comportamiento,  la relación con nosotros y  como consecuencia el clima familiar  y nuestra sensación de felicidad.

¿Y quien quiere  resistirse a esto?

 

Un abrazo, Doris.

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