8 claves para fomentar la autonomía en nuestros hijos.

Lo  habitual es escuchar que hay que estar detrás de los niños para que recojan su mochila, se duchen, pongan la ropa sucia en el cesto, hagan su cama… Pero lo cierto es que la situación no mejora con el tiempo, sino que empeora porque no subimos un escalón. Seguimos haciendo las cosas por los niños, esperando de ellos que algún día se hagan cargo. Que sean responsables y comiencen a hacer lo que les toque. ¿Y yo te pregunto?

¿Cómo se consigue que una persona sea responsable? Pues igual que enseñamos a un niño que se abroche los cordones. Le muestras cómo hacerlo y dejas que practique. Al principio con ayuda y luego permitiéndolo que lo haga solo, porque sabes que solo con la práctica, mejorará.

Pues con la responsabilidad ocurre igual. Si no la das, no se practica y si no se practica se usará poco. Aunque quizás estés pensando que no les das responsabilidad a tus hijos porque no han demostrado la madurez suficiente. Y ¿cómo la van a alcanzar, entonces? Yo conozco a personas adultas, con mas de 60 años, muy inmaduras porque siempre les consintieron todo. Así que tendrás que confiar y comenzar a subir ese escalón  en el que a veces nos quedamos más de la cuenta, la mayoría de los padres.

Y ¿cómo subimos ese escalón? Aquí te doy  8 ideas.

  1. Habla con los ellos y diles abiertamente que te gustaría hacer las cosas de otro modo.  Que tienes la seguridad absoluta de  que ya son capaces de hacer muchas cosas por sí mismos y  que vas a enseñarles cómo deben hacer sus cosas (acorde a la edad que tienen) para que comiencen hacerlo solos.
  2. Ya les has dicho que no vas a hacer sus cosas y ahora debes cumplir tu palabra. No hagas sus cosas, aunque sea más rápido. Si siempre lo haces tú ¿cuándo crees que van a comenzar a hacerlo por sí mismos? Esto implica tener claro que ellos van a intentar que sigas haciéndolo tú, ante lo cual no debes ceder y por el contrario, cuando lo hagan, puede ser que lo hagan mal o más lento. Ten paciencia y no olvides que todo es un proceso. Permite que sigan practicando para que mejoren.
  3. Una vez que delegues obligaciones puedes ofrecerte para la planificación, explicar procedimientos, aclarar funcionamientos pero no vuelvas a hacer sus cosas por ellos. Y lo más importante, permite que experimenten las consecuencias de sus actos. Si las hacen mal, ofrécete para enseñarles, practicar, etc… pero siempre con la intención de que mejoren la habilidad y no que se lo hagas tú: vestirse, cepillarse los dientes, peinarse, atarse los cordones, poner la mesa, recoger la mesa, limpiar el mantel, hacer el bolso de las extraescolares, vaciarlo, recordar qué hacer cuando nos prestan algo, poner el despertador…
  4. No les digas más lo que deben hacer: si se olvidan déjales que experimenten las consecuencias de su olvido pero si ves que se repite con frecuencia, ofrécete a ayudarles a ponerse un recordatorio, una alarma, utilizar una agenda, hacer un planning…tú ofrécete y ayúdale con tu experiencia pero quien debe ponerla en marcha es tu hijo.
  5. Plantea reuniones semanales con ellos para ver cómo les ha ido, dificultades que van encontrando y haz que planteen ellos mismos soluciones a sus dificultades (otra manera de trabajar la autonomía) para que se involucren más en conseguir éxitos.
  6. Permite su sello personal. Nadie va a hacer las cosas como tú. Para bien o para mal. Si eres muy perfeccionista tendrás que asumir que hay muchas maneras de hacer las cosas. Valora el esfuerzo y el trabajo aunque no sea como a ti te gusta.
  7. No abandones porque ellos no se implican. Si no lo hacen es porque tú sigues estando implicado. Demuéstrales que quieres ayudarles a que se conviertan en personas más autónomas, responsables e independientes y que esta es la manera de conseguirlo.
  8. Si no lo hacen porque crees que no quieren o por pereza, establece límites: por ejemplo:  Tu habitación puede estar como una pocilga pero los espacios comunes no, así que vamos a sentarnos y a establecer tus turnos y responsabilidades. Sé flexible y negocia apetencias u horarios pero a última instancia el límite debe estar claro y acotado. Cuando llegue el momento en el que a tu hijo le toque hacer algo y ves que no lo va a hacer simplemente di: Cariño, ¿recuerdas el acuerdo? y deja que tu hijo responda. No insistas. Si no funciona, en la reunión semanal vuelve a negociar condiciones. Las soluciones deben salir de tus hijos para que aumenten las probabilidades de implicación.

Y mientras tanto ¿ tú que haces?  Aprovecha el tiempo que has ganado para mejorar tu vida: tu salud, tu cuerpo, tus relaciones sociales…Cuanto mejor estemos con nosotros mismos, mejor podremos educar a nuestros hijos y ver las cosas con más perspectiva. Y no tengas remordimientos por esto, porque la verdadera educación consiste en esto: en soltar cuerda, dar herramientas, guiarles, acompañarles, recogerles si se caen y consolarles cuando sufren  pero no hacer  todo por ellos.

Mucha suerte en la nueva aventura.

¡Hasta la próxima!

Un abrazo,

Doris.

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