Los niños deben aprender y no obedecer.

Querer que nuestros hijos nos hagan caso cuando se lo pedimos es una de las grandes demandas. De vosotras e incluso mía. Esta mañana mismo, antes de ir al colegio, mi hija deambulaba por la casa como si no tuviese nada que hacer y aún le faltaba cepillarse los dientes, vestirse y peinarse antes de salir para el cole.

¿Me enfadé? Casi. Insistí dos veces. Porque estaba perdiendo la paciencia. Y finalmente me retiré y dejé que su padre interviniera.  El muy tranquilo se limitó a ayudarla y hablar con ella  mientras hacía lo que debía hacer.

Yo he trabajado con mi hija la lista de rutinas, he practicado con ella todos los pasos que debe dar antes de salir de casa para ir al  colegio, le he dado una secuencia para que la siga, he utilizado un reloj para que controle (o más bien perciba) el paso del tiempo, hemos acordado (con ella) que los dibujos animados los verá siempre y cuando le haya dado tiempo de prepararse y no como antes, que se los ponía desde el desayuno. Así que como veréis, a pesar de que muchos días sale bien, otras no tanto y os cuento a continuación por qué y qué podemos hacer. Os avanzo ya que depende más de nosotros mismos que de ellos.

¿ POR QUÉ  (A VECES) NO HACEN CASO?

  • Lo vivimos como “un campo de batalla”. Y no debemos percibirlo como una lucha entre ellos y nosotros. Porque si lo percibimos así, se lo transmitiremos de esa manera y si tienen carácter y orgullo, que lo tienen, querrán ganar. Y eso implica mayor resistencia por su parte.
  • Cuando estamos estresados no pensamos en lo que es más efectivo. Nuestro cerebro se desconecta de la parte racional . Así que nos dejamos llevar por las prisas y el miedo  a llegar tarde e insistimos, insistimos, e insistimos. Insistir solo sirve para fomentar la sordera selectiva.
  • No estamos teniendo paciencia.  Creemos que como  le hemos enseñado lo que debe hacer, lo debe hacer sin más. Y no funcionamos así. Las necesidades de nuestros hijos no son hacer lo que tienen que hacer. Estas son mis necesidades. Las de ellos son estar en el presente. Ellos viven el momento. Disfrutan de cada segundo y no se cuestionan más allá (todavía). Nosotros estamos intentando que se comporten como adultos obviando que aún no lo son.
  • En nuestro fuero interno, pensamos que si los niños no obedecen , NOSOTROS  lo estamos haciendo mal. Y esa idea la tenemos porque sigue imperando en lo más recóndito de nuestros cerebros que la educación pasa por la imposición y el autoritarismo.

¿QUÉ PUEDO HACER ENTONCES?

  • La enseñanza de cómo deben hacer las cosas es necesaria y el mensaje calará, pero debemos tener paciencia. Es como hacer un buen guiso en una olla. Mejor  a fuego lento.
  • Mientras tanto, debemos meternos en sus zapatos. Lo más fácil para conseguir involucrar a un niño en algo es a través del juego. Debemos incorporarlo en nuestra interacción con ellos como una herramienta educativa más.
  • Debemos dejar de tomárnoslo  como algo personal. Que tu hijo no obedezca o no lo haga a la primera es lo lógico. Nuestra naturaleza humana es indómita y rebelde. No debemos querer que obedezca sino que el niño vaya integrando poco a poco la necesidad de ir haciendo las cosas cuando tocan.
  • Si por ejemplo, no le ha dado tiempo a peinarse, vestirse o desayunar, podrá hacerlo en el coche, porque donde debemos mantenernos firmes es en que la hora de salida es la que es por la necesidad de llegar puntual. En este punto es donde no podemos ser flexibles, pero si en todo lo demás.
  • Buscar o hacer buscar al niño (esto es lo mejor) pequeñas soluciones a los conflictos que cada día se repiten: como por ejemplo  si es por las mañanas: levantarse antes, dejar preparada la ropa del día siguiente, ducharse por la noche, desayunar cosas rápidas y fáciles de comer, poner la tele cuando ya estén completamente listos y sobre tiempo, poner un reloj, entrenar por las tardes con cronometro. Si es por no recoger los juguetes: jugar a ver quien lo hace antes, mostrar nuestra ayuda, enseñarle a organizar los juguetes, facilitar los espacios de almacenamiento, averiguar con tu hijo cómo sería más fácil, aprovechar el cambio de juego para decir: en cuanto recojas los puzzles, jugamos a la pelota. Y nos ofrecemos a ayudar.
  • Lo más efectivo es dejar de insistir, sonreírle y quitar la cara de enfado, invitarle a hacer una carrera, invitarle a que se vista contigo, entretenerlo mientras hablas para que no se líe por la casa mientras se viste, ayudarle un poco, hacerle reir… Que se lo pase bien aumenta considerablemente que el niño tenga ganas de colaborar.
  • Si el niño es muy pequeño no corras detrás de él por toda la casa. Cuando esté jugando, le dices que en cuanto pare de jugar te avise para ayudarlo a vestirse y te marchas. Es importante que permanezcas callado. Sin insistir. Si ves que no comienza a vestirse y le da igual que te hayas ido le preguntas: ¿Estás listo? Pues avísame. Y te vuelves a ir. Como en el fondo lo que quiere es estar con nosotros, si ve que no le insistes ni estás a su alrededor, irá a vestirse y te llamará. Si vuelve hacerlo, repite la secuencia.

Como veis el papel aguanta todo y nosotros siempre no estamos igual de descansados, ni con la misma paciencia pero si queréis dejar de estar enfadados porque nuestro hijo “ no obedece” , tenemos que cambiar lo que creíamos sobre la educación. No tiene que obedecer. Tiene que aprender y esto es un proceso. El mensaje calará. Y mientras tanto, tendremos que ponernos más a su altura, jugar y buscar la manera de ganarte su colaboración. La única manera en la que es más apetecible para el niño colaborar es esta. De lo contrario, si creemos que tiene que obedecer a toda costa el niño hará las cosas por resignación, miedo o conveniencia. Valores que estaremos potenciando en la configuración de su persona.

 Educar desde el respeto cobra en estas situaciones más sentido si cabe. El choque de nuestros intereses con los de nuestros hijos se enfrentan y es justo en ese momento cuando debemos dejar a un lado el sentimiento de lucha que nos nace y recordar que nuestro papel es el de guiar, mostrar el camino, acompañar, ayudar, dar responsabilidades y permitir que se equivoquen para que sopesen las consecuencias. Y  sobretodo no perder de vista que son niños y por lo tanto deben comportarse como tales.

Y tú ¿Cómo lo haces?

Me encantaría saber cómo lo resolvéis vosotros o si habéis probado alguna de estas sugerencias. Si te apetece déjame un comentario debajo del articulo.

Un abrazo,

Doris.

 

 

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