Nuestra hija come lo mismo que nosotros.

Este verano estamos almorzando todos los días en casa del abuelo de mi hija. Durante el curso no podemos y me parece una buena manera de crear vínculos con la familia extensa. Por lo novedoso de la situación, el caso es que mi suegro me preguntó varias veces  qué comidas le dábamos a la niña. El me informaba de lo que íbamos a comer nosotros pero quería saber qué comidas había que prepararle a ella. Mi respuesta la tuve clara: nuestra hija come lo mismo que  nosotros.   ¿Y si no le gusta? Pues haremos un apaño con lo que haya. 

Que mi hija coma los mismo que nosotros me parece importante por los siguientes motivos:

  • Laia, aunque es pequeña, no debe recibir un trato especial.  Si quiero que mi hija valore a los demás, no creo que deba hacerla sentir superior. Sin quitar  que ella sepa  que para mí es la persona más importante de mi vida, que mamá siempre estará ahí, que la quiero aunque no se haya bañado o tengas las manos de caca 🙂 (una broma nuestra).  Pero sin darle derechos especiales, aunque me den ganas de hacerlo. Mi hija es especial como lo es la tuya. Por ser una persona sin más. Pero si la tratamos  de forma diferente no se creerá especial sino superior.
  • No quiero que se crea con derecho a exigir espaguetis el día que le han puesto macarrones porque era lo que quedaba en casa. Con los niños hay que trabajar la flexibilidad. No le voy a obligar a comer calabacín rebozado si no le gusta, pero la pasta sabe igual (más o menos) en todos los formatos, y aún así, si no le gustan los macarrones podemos tenerlo en cuenta para otras veces pero también hacerle ver que si es lo que hay no pasa nada, sino incluso mejor porque así se acostumbra a más cosas nuevas. Y si me acuerdo, la próxima vez, le compro los macarrones pero sin miedo a que se enfade.
  • Cuando era pequeña le compraba siempre yogures de todos los sabores. Cada semana cambiaba, al igual que con las marcas de cacao soluble. Le decía que  debía acostumbrarse a todo porque así podía comer en todas partes: en casa de sus amiguitos, cuando viajamos, en los restaurantes. Y ahora lo repite como un mantra: “a mi es que me gustan todos los yogures porque si viajo me los puedo comer todos” 
  • Trabajo la capacidad de adaptación. Una cualidad muy útil para la vida. Lo que hay es lo que hay y dentro de esto vamos a ver qué como.
  • Nunca la obligo a comer algo que no le gusta o  le insisto para que se lo coma todo. Cuando deja mucho le digo dos cosas: mañana lo tenemos en cuenta para no ponerte tanta cantidad y tirarla ¿vale? o le pregunto: ¿entonces no te cabe el postre? Si me dice que si, le digo: entonces si te cabe el postre te cabe más comida de la importante y le sonrío. Ella me sonríe y sigue comiendo o negociamos (si la noto harta) un número  de cucharadas más.
  • Tengo en cuenta sus gustos y sus preferencias y claro que podemos satisfacerlas regularmente pero no que se conviertan en lo único.
  • Quiero que sea agradecida. Una persona se dedica cada día a hacer la comida para nueve personas. Hacerle ver  a mi hija el esfuerzo que supone y lo valore es parte de su aprendizaje para la vida.

Así, poco a poco, estoy consiguiendo que mi hija coma más variado, se muestre respetuosa con todos y apenas se produzcan conflictos o tensiones a la hora de la comida.

Y  tú  ¿cómo lo haces?

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Un abrazo,

Doris.

 

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